Entre carros de vestuario, máquinas de coser y junto a un espacio tapado con cortinas que hace las veces de camerino, se extienden unas cuantas colchonetas, se coloca una estantería con varias pesas y cuelgan unas cuerdas de la lona de la carpa. Suficiente para que los acróbatas ensayen sus números .
Y vigilando que nada se 'tuerza' -literalmente- están tres fisioterapeutas, un masajista y un profesor de Pilates. Ellos velan, casi las 24 horas, por la salud del circo.
Detrás del escenario se ven saltos imposibles, artistas que vuelan sobre unas cuerdas o que se mueven por el recinto dando vueltas dentro de unos aros gigantes; otros haciendo Pilates y algunos 'machacándose' en máquinas de correr. Juntos pero no revueltos. Y, aunque parezca raro, las lesiones son poco frecuentes.
