Por muchos motivos se nos ha hecho pensar que todo lo que se vende en el supermercado es bueno, limpio, sano, nutritivo y apto para alimentarnos , y que, lo que se compra en las granjas o directamente a los agricultores es de "dudosa procedencia" o de menor calidad. Sin embargo, un artículo publicado en diversas revistas norteamericanas (prevention.com y wakeup-world.com, entre otras) pone en duda estas ideas, mostrando los 7 alimentos que ni los expertos comerían.
1. Organismos Genéticamente Modificados (GMO, OGM, como se prefiera) : Los OGM requieren para su cultivo una enorme cantidad de herbicidas que contaminan suelos, cuerpos de agua, animales y seres humanos, provocando en estos últimos daños y mutaciones genéticas. Los cultivos con OGM más comunes son: maíz, soya, papa, alfalfa, canola, papaya, arroz, miel, calabaza, tomate y tabaco .
La opción: comprar orgánico, plantar tu propio huerto o comprar a cooperativas rurales, y revisar las etiquetas. En algunos países se requiere que el productor declare si se trata de un OGM. Si no, hay que exigir a los legisladores (que en teoría, representan los intereses de quienes los eligieron) que se imponga una regulación transparente en el etiquetado de la comida.
2. Tomates enlatados : La cobertura interna de las latas está hecha debisfenol-a, un estrógeno sintético que ha sido relacionado con problemas de esterilidad, diabetes, obesidad y ataques al corazón. El bisfenol reduce la producción de esperma y daña las células reproductivas de los animales. Particularmente, la acidez de los tomates hace que esa sustancia se desprenda de la lata.
La opción: si no puedes sembrarlos o comprarlos en un mercado orgánico, elige los que vienen en frasco de vidrio o tetra-pak.
3. Carne de res alimentada con granos : La mayoría de la carne de res que encontramos en el supermercado es alimentada con una mezcla que incluye granos de maíz, soja y excremento de ave. Esto hace que la res engorde más rápido, que se produzca más carne y baje el precio. Sin embargo, la concentración nutricional de esta carne es deficiente: tiene muy bajos niveles de beta caroteno, vitamina E, omega 3, ácido linoléico, magnesio y potasio. Además, contiene grasas relacionadas con enfermedades cardiovasculares. Se debe respetar el hecho de que las reses son herbívoras.
La opción: comprar carne de libre pastoreo, usualmente la etiqueta lo especifica, y si no, hay que preguntarle al carnicero. Esta carne es más cara, lo que implicaría reducir el consumo de carne.
4. Palomitas de microondas : Las bolsas de palomitas contienen químicos como el ácido perfluoroctanoico (PFOA), que ha sido relacionado con problemas de infertilidad en las mujeres. Cuando ha sido probado en animales, provoca cáncer de hígado y páncreas. Los microondas hacen que el PFOA se evapore y se adhiera al alimento. Este ácido no se puede metabolizar, por lo que se va acumulando en el organismo.
La opción: hacerlas en casa, a la antigua. No lleva más de cinco minutos y pueden aderezarse naturalmente con mantequilla, especias, sal de mar, hierbas secas, azúcar, etc,...
5. Salmón de granja : La naturaleza no hizo a los salmones para vivir hacinados en una granja comiendo soja, ave y plumas hidrolizadas. Esta alimentación hace que los salmones tengan muy poca vitamina D, además de acumular PCBs, carcinógenos como el DDT, antibióticos y pesticidas para combatir las bacterias que aparecen en las granjas, químicos que pasan directamente a nuestro organismo. El salmón más contaminado se produce en el norte de Europa y se exporta a toda América.
La opción: comer pescados locales que, además de ser más frescos, hayan sido capturados viviendo en libertad.
6. Leche con hormonas : Los productores de leche tratan a las vacas con hormonas de crecimiento para acelerar la producción de leche. Sin embargo, esta hormona provoca infecciones en las ubres y aumenta la presencia de pus en la leche. Además, desencadena la producción de una hormona (IGF-1) que eleva la insulina. La hormona del crecimiento está relacionada con el cáncer de mama, próstata y colon. Anteriormente se creía que el cuerpo humano sintetizaría dicha hormona, pero ahora se sabe que la caseína presente en la leche evita que se rompa la molécula. Por ello, el rBST ha sido prohibido en muchos países, sin embargo, no todos los países cuentan con una legislación al respecto.
La opción: comprar leche orgánica o producida sin estos químicos (en algunos países es obligatorio aclararlo en la etiqueta).
7. Manzanas convencionales :Naturalmente, las plantas generan resistencia a los hongos y las plagas. Dicha resistencia se guarda como información en el material genético de las semillas. Sin embargo, debido a que las manzanas que comemos vienen desde hace muchos años del mismo árbol, esa resistencia no ha pasado a otras generaciones de manzanas. Esto implica que cada año se tengan que rociar con gran cantidad de químicos para combatir plagas y asegurar la producción. La industria insiste en que estos residuos no son dañinos —porque se analiza el contenido de una sola manzana—, sin embargo, cuando las consumimos con frecuencia, el diagnóstico cambia. Está comprobado que los agricultores que trabajan con estos pesticidas desarrollan niveles más altos y más agresivos de cáncer, además de que los pesticidas han sido relacionados íntimamente con el mal de Parkinson.
La opción: comprar manzanas orgánicas. Si son muy caras, hay que asegurarse de lavarlas muy bien y quitarles la piel, con eso se reduce un poco el efecto nocivo.
